Un complejo cultural que persiste
En España parece existir un viejo complejo de inferioridad respecto a lo anglosajón. Desde hace décadas, la cultura británica y estadounidense se perciben como referentes modernos, mientras que lo propio se ve a menudo como anticuado o insuficiente. El resultado: importamos con entusiasmo expresiones, conceptos e incluso formas de pensar, pero apenas exportamos la riqueza de nuestra lengua y tradición.
El dominio del inglés en la ciencia, la tecnología o el marketing es indiscutible. Es comprensible que un ingeniero deba escribir artículos científicos en inglés o que un publicista maneje términos como packaging o branding. Pero el problema empieza cuando el inglés se infiltra en lo cotidiano de una manera casi ornamental, en ámbitos donde no hay necesidad real.

Influencers y medios: la moda de hablar en “spanglish”
Redes sociales como TikTok, Instagram o YouTube han amplificado una tendencia que ya estaba presente: el uso de anglicismos y muletillas inglesas en el habla española. Influencers, streamers y hasta periodistas emplean frases como “bro”, “man” o “random” en lugar de las palabras equivalentes en castellano. No se trata de una necesidad comunicativa, sino de una pose cultural que transmite modernidad y cercanía con el público joven.
Expresiones como “no me lo puto creo”, adaptación directa de la estructura sajona que coloca el adjetivo delante del verbo, reflejan cómo incluso las reglas gramaticales se ven alteradas por la influencia del inglés. Es una mezcla curiosa: mantenemos nuestro idioma, pero lo adornamos con estructuras copiadas.
Latinoamérica: otra perspectiva
En Latinoamérica, la convivencia con el inglés tiene un contexto diferente. La cercanía geográfica con Estados Unidos, la influencia de su cine y televisión (a menudo consumidos sin doblaje) y la emigración hacen que el inglés forme parte natural del día a día. Allí el spanglish responde más a una necesidad social y cultural.
En España, sin embargo, esa justificación no existe. El doblaje de cine y televisión sigue siendo la norma, y la distancia con el mundo anglosajón es mucho mayor. Por eso resulta llamativo que, aun sin esa influencia directa, se adopte el inglés con tanta facilidad en nuestra comunicación.
¿Menosprecio a nuestra lengua?
El castellano es una de las lenguas más habladas del mundo, con más de 500 millones de hablantes nativos. Es además idioma oficial en 21 países y un puente cultural de enorme riqueza. Sin embargo, la impresión es que en España no terminamos de valorar su potencial. Mientras que en Francia se protegen con celo de los anglicismos y en Alemania promueven su idioma en entornos científicos y culturales, aquí cedemos terreno sin resistencia.
Lo preocupante no es solo la moda, sino la sensación de que nuestro idioma se percibe como insuficiente para expresar modernidad. Adoptamos lo ajeno como si lo propio no tuviera el mismo valor.
Recuperar el orgullo lingüístico
No se trata de rechazar el inglés (indispensable en la globalización), sino de usarlo con criterio. De reconocer cuándo es útil y cuándo simplemente estamos cayendo en una imitación innecesaria. España tiene un idioma poderoso, con matices y expresividad únicos, y una cultura que debería exportarse con la misma fuerza con la que importamos lo sajón.
Quizá el reto sea ese: dejar de vernos siempre como alumnos de los anglosajones y empezar a sentir que nuestra lengua y cultura tienen tanto valor como cualquier otra.







Totalmente Ángel.
Este es uno de Los temas en el que se aprecia el complejo de parte de Los españoles frente a lo anglosajón