Cuando los autodenominados verificadores de hechos se convierten en actores del relato oficial, dejan de cumplir su función para transformarse en una suerte de correctores ideológicos. El artículo de Newtral titulado “Las renovables en sí no provocan un apagón. Su gestión exige mejoras en el sistema” es un ejemplo reciente —y preocupante— de cómo el fact-checking puede derivar en propaganda.

El titular en sí ya deja entrever el sesgo: en lugar de buscar esclarecer hechos, busca amortiguar responsabilidades y encauzar el pensamiento del lector hacia una conclusión concreta. Newtral no refuta una declaración concreta de ningún político, técnico o medio de comunicación. Simplemente lanza un “desmentido” en abstracto. ¿Quién dijo que “las renovables provocaron el apagón”? Nadie en particular. Pero al negarlo así, se crea una falsa sensación de claridad y certeza que no existe.
El propio artículo reconoce que el rápido crecimiento de renovables no ha ido acompañado de la adecuación del sistema eléctrico. Y, sin embargo, intenta separar esa relación causal con un juego semántico. ¿No es precisamente esa falta de adaptación lo que provocó el apagón? Decir que “no fue culpa de las renovables, sino de su gestión” es como decir que una tormenta no causa inundaciones, sino que lo hace el sistema de alcantarillado. Técnicamente cierto, pero intelectualmente deshonesto.
Lo más grave es la total ausencia de una versión oficial completa. Más allá de los 5 segundos de pérdida de 15 GW de potencia y una desconexión abrupta, no se ha ofrecido un informe público definitivo. ¿Cómo puede entonces una verificación tener validez sin una fuente primaria clara? En el vacío de datos oficiales, el papel del fact-checking es inoperante. Sin embargo, Newtral actúa como si tuviera acceso a una verdad definitiva que nadie más posee.
El artículo mezcla, además, de forma deliberada dos planos diferentes: el origen del problema y la eficacia de la recuperación. Se menciona que “las renovables se pusieron a funcionar de nuevo… cosa que no pudo hacer la nuclear”, como si eso desactivara el debate técnico sobre el fallo. Es una lógica perversa: como si, tras un atentado con 200 muertos por negligencia de seguridad, el Gobierno destacara con orgullo lo rápido que se atendió a los heridos y lo eficaz que fue el acordonamiento del lugar.
No solo es una estrategia de distracción, es una táctica que roza la manipulación. El foco del artículo debería estar en las causas del apagón, no en el rendimiento relativo de las distintas fuentes de energía durante la recuperación. Y lo que es aún más llamativo es que esa mención a la energía nuclear no aporta datos técnicos ni contextuales, pero sí un sesgo ideológico evidente. Se intenta reforzar, sin decirlo abiertamente, que las renovables son superiores. ¿Qué sentido tiene ese juicio de valor en una pieza que se presenta como objetiva?
La omisión también es parte del sesgo. Se evita mencionar que algunas fuentes usadas para estabilizar el sistema, como las hidroeléctricas de bombeo, no son renovables en sentido estricto. Son sistemas de almacenamiento que consumen más energía de la que generan. Las hidroeléctricas convencionales, por otro lado, sí son renovables, pero llevan décadas funcionando en España y no están relacionadas con la expansión reciente de renovables intermitentes como la solar o la eólica.
Por si fuera poco, Red Eléctrica Española ya alertó en mayo de 2024 de la necesidad urgente de establecer “criterios de protección” ante la entrada masiva de renovables. Es decir, se reconoce oficialmente un problema de diseño del sistema. No se trata de demonizar a las renovables, sino de exigir una transición energética seria, planificada y técnicamente solvente.
Quienes defendemos un sistema híbrido —renovable, pero seguro y gestionable— no podemos quedarnos callados ante artículos que, en lugar de contribuir al debate con claridad y transparencia, lo nublan con frases ambiguas, mezclas conceptuales y guiños ideológicos.
Social Futuro, al igual que quien firma este artículo, mantiene profundas reservas sobre el concepto de «fact-checking» tal y como se ejerce hoy en día. En teoría, podría ser una herramienta útil en un ecosistema informativo transparente, pero en la práctica se ha convertido en una forma sofisticada de moldear el discurso público. Y eso es peligrosísimo. Cuando quienes deberían fiscalizar el poder se convierten en actores con intereses propios —ideológicos, políticos o económicos—, se rompe la confianza con el lector. Y medios como Newtral no solo no contribuyen al entendimiento, sino que lo entorpecen y contaminan. Son, por tanto, no solo irrelevantes, sino profundamente nocivos para una democracia informada.
Fuente del artículo comentado: https://www.newtral.es/renovables-apagon-gestion-exige-mejoras-sistema/20250430/






Siempre hay un lacayo dispuesto a sacrificar una opinión pública sana por un buen paston.
Son los sindicatos de la basura, defensores de los peores asesinos del planeta. Fondos de inversión de los que se benefician, son también el combustible de la industria armamentística y fármaco química, que tantos millones de vidas arrastra cada día a la muerte y la enfermedad crónica.
Los verificadores de que usted siga tragando con que su maltratador y verdugo es su amigo y le administra con todo el poder de la democracia y la falsa sensación de bienestar que provee la peor mafia asesina y pedofilia, jamás conocida.
Ana pastor y su círculo, debería ser condenado a cadena perpetua con los peores trabajos forzados.
Una psicópata más del club de la caja tonta junto al congreso de cucarachas al servicio de la máquina de la muerte.