El mundo de los wearables, tal y como ocurre con prácticamente cualquier invento relacionado con la tecnología, se encuentra en constante actualización. Así, estos dispositivos creados para llevar en el día a día se han convertido rápidamente en un recurso de gran ayuda ante la epidemia de COVID-19.

Wearable - Smartwatch

La utilidad de los wearables en plena epidemia

A estas alturas, se conoce más que sobradamente la utilidad de estos dispositivos. El mejor ejemplo de ellos son las pulseras y los relojes inteligentes, gracias a los cuales pueden controlarse múltiples aspectos del rendimiento personal.

Este tipo de wearables son aptos tanto para deportistas, para medir su rendimiento y hacer un seguimiento de sus entrenamientos, como para usuarios que no practiquen deporte. Y es que también controlan aspectos relacionados con la actividad del día a día o el sueño, por ejemplo.

Lo más positivo al respecto es que cada vez son más los parámetros que pueden estudiar estos dispositivos. Tanto es así que muchos de ellos están empezando a convertirse en una gran ayuda para el sector sanitario.

Equipados con biosensores, hay muchos artículos que pueden proporcionar una información tremendamente útil del estado de salud de una persona. Son datos que, en manos de médicos y profesionales sanitarios, son clave a la hora de seguir la evolución de determinadas enfermedades, especialmente de carácter crónico. También contribuyen a la hora de anticipar otras dolencias.

Desde hace muchos años, relojes y pulseras cuentan con la tecnología para hacer un seguimiento del ritmo cardiaco. Esto ha ido mejorando a gran velocidad, hasta el punto de que, hoy en día, ya existen modelos capaces de realizar un electrocardiograma.

Esta funcionalidad tiene que ser, lógicamente, supervisada por un experto que interprete correctamente los datos, pero brinda información de gran valor de un modo sencillo. Incluso aquellos aparatos que hagan un seguimiento durante las 24 horas podrán avisar directamente cuando se encuentren con parámetros extraños que puedan suponer un riesgo para la salud.

Una constante búsqueda de parámetros clave

Como muchos de los aparatos ya vienen equipados con el hardware necesario para llevar a cabo las mediciones, el avance viene gracias a la observación y el estudio de los millones de datos que se van recabando anónimamente. Estos son los que permiten determinar los valores que preceden, por ejemplo, a un infarto.

Empresas tecnológicas, científicos o universidades, como es el caso de Fitbit y Stanford, están aliándose para desarrollar nuevos algoritmos. Con ellos se pretende acotar cada vez más cuáles son las variaciones de la frecuencia cardiaca o la temperatura que pueden alertar sobre respuestas del sistema inmunitario.

Todas estas investigaciones buscan no solo responder lo antes posible ante la aparición de enfermedades, sino hacerlo incluso sin que se lleguen a manifestar sus primeros síntomas evidentes.

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